14 de junio de 2011

LO INDECIBLE

Se piensan las cosas, se dicen torpemente, juntamos palabras y gestos y así sabemos que algo queda prendido del hilo de la historia. Pero todo parece por decir y sólo nos queda esa insufrible tarea de escoger sílabas y alambres en los contenedores del centro y construir mariposas, poemas o flores. Buscar palabras en los parques donde siempre alguien ha olvidado un vocal o una chusta que puede ser apurada, palabras a medio decir, traga saliva, eso que debía haberse dicho, pero siempre es después cuando se piensa, y uno puede rescatar un par de sonidos guturales, siempre valiosos cuando no se sabe qué decir, si es que algo queda, a fin de cuentas; si es que es posible esta ilusión de palabras que señalan cosas o se refieren a ellas como si una realidad pudiera ser dicha o señalada con el puntero del diccionario; como si algo pudiera ser referido; como si un juego de simetrías ordenara mis palabras y el mundo, a doble espacio y en cursiva lo importante. Las cosas al otro lado de mí, pero todo etiquetado en mi cabeza; y acabamos el día pensando que cuando decimos palmera, nos referimos a eso mismo y no a una lata o al deseo. Cómo decir lo que no quiere ser dicho, lo que no puede ser prendido de un hilo y no es sólo que el mundo no sea una pipa, sino que uno acabaría desistiendo si supiera que sólo existen esos rótulos sin un mundo al que adherirse. Signos que no dicen nada, neones sobre casas derruidas, palabras vacías que resuenan de esquina en esquina pero no señalan una palmera o un perro, porque perro y palmera son dos alambres que sólo están en mi cabeza y con los que uno lleva años tratando de construir una mariposa sin conseguirlo. Parece fácil si uno sabe dónde cortar y retorcer las palabras justo en el punto exacto donde semáforo puede llegar a ser una flor con pétalos de cobre. Contar el mundo, porque ya todo está dicho. Abrir una pausa en el centro mismo de la farsa, sacar las apariencias que simulan apuntar a un mundo que no está y, entonces, habrá que crearlo; contar historias en las peluquerías y mentiras en los bares. Habrá que contar, ya no decir, crear un referente y cubrirlo de alambres oxidados, hacer vivir una palmera del lado de acá de las cosas y hacerla volar como una mariposa o esas pequeñas cosas de valor medio enterradas en la gravilla, alguna chusta entrecortada, un lápiz sin punta, algunas palabras a medio fumar…