22 de noviembre de 2010

FULANO DE TAL



Lo prefiero. Mojarme si llueve, fumar si me dan. Si no, queda eso. La servidumbre. Otra opción. Adscríbete a una idea, etiqueta tu nombre en un buzón, catalógate, fulano de tal, abogado, mengano de tal, dentista y cool hunter en las tarjetas de presentación; enúnciate con tal o cual calificativo y asume un discurso cualquiera, yo soy esto, yo soy aquello; caerán sobre tu espalda siglos de prejuicios y espesas caretas de lo que hay que decir, preceptos que la historia ha dejado caer sobre el mundo en que somos esto o aquello, o eso creemos, palabras que se van acumulando con los años como el polvo sobre la estantería del salón. Y así uno llega y ya estaba todo así, encajado en sus casillas y por orden de importancia. Las cosas que importan, las cosas honrosas, este absurdo ir sucediéndonos sin más, sustituyendo ansiedades, generaciones, solapándonos con los días, las décadas, las hambrunas, viviendo eso que nos toca vivir sin más razón que estar vivos. Tal vez por eso esa inútil costumbre de otear el dolor desde lejos, verlo llegar entre celofanes y acto seguido esconderse, escena segunda, tercer acto, saliendo de la niebla o los neones, y dirás eso que hay que decir cuando hay que decirlo, no vaya a ser que dios o esa otra palabra, cómo era, dignidad, razón de ser, amor propio, ese espectador que está ahí y nos juzga desde quién sabe dónde, conciencia imbuida ante el telediario, qué mal está todo, en fin, esto tiene que explotar, por algún lado, esta noche tengo mus, llegaré tarde. Y a esto le llamamos verdad, o dios, o esa otra palabra que dejamos resbalar entre los dientes, orgullo, razón, otras palabras sirven, henchido el pecho, el periódico de referencia bajo el brazo, la frente bien alta, seguros de creerlo, sacándole brillo a la gran falacia que hay más allá del café de las mañanas, señalando con el dedo aquello que hay que señalar, por el bien de todos, cumplimos nuestro deber, salimos al mundo, lo hacemos girar como se espera que gire, y por la noche lo celebramos en el sofá, la serie del jueves que todos siguen en la oficina, deber cumplido. Y has bajado la basura. ¿Qué más quieres? Después de todo, es todo lo que esperan. Felicitas los cumpleaños, felices fiestas, que sea enhorabuena y tú que lo veas. Los quehaceres, las tragedias; no hay café ni leche desnatada, y los negritos del África en las noticias de las dos. Y qué le vamos a hacer, y de nuevo dios o esa otra palabra que antes creíamos, verdad, amor, dignidad, fíjate, se me sigue llenando la boca. Y todos contentos, de qué me voy a quejar, mientras haya un trozo de pan que llevarse a la boca y los dictados de la moda a las once, como cada jueves, en su televisión amiga; reconforta saber que hay cosas que siguen ahí después de todo. 
Nada que contar y otras mentiras en forma de noticia, foto central a todo color ilustrando eso que ya sabíamos, confirmando la sospecha de que alguien tenía la culpa, y no somos nosotros. La verdad, o esa mentira que creemos, la palabra revelada, aunque en el fondo todos sepamos, quién sabe, si nos basta la promesa de serlo, y eso también reconforta, a su manera, hasta que te roban los embellecedores del coche, y pierdes la fe en el mundo, qué hijos de puta, por un momento, ya sin esas palabras, civismo, es ley de vida, cambia el canal, otras canciones en la ducha, son rachas, dirán todos, otras filias, otras fobias, otros miedos viscerales que nos mantienen dentro de casa tras los pestillos puestos y las persianas bajadas, otear el dolor otra vez desde lejos y hacerse a un lado, repite mil veces esa otra palabra, cómo era... Coherencia, tú mismo, tal vez verdad, otra vez, todo vuelve, nada queda invalidado con los años, moda retro los jueves en tu cadena amiga y otra sarta de nuevas obsesiones que nos mantienen alerta, hay que estar a la última y ser el primero en llegar, la ropa planchada, tu nuevo mantra, ese salmo que se llama como tú y repites incansablemente aunque te sorprenda esa foto en el carnet de conducir, porque esa sonrisa no es tuya, nunca lo fue, al menos que se sepa, si es que algo se sabe a ciencia cierta. Yo y otras palabras, otras formas de enjuiciarnos tal vez menos justas, pero qué es la justicia sino otra de esas palabras que hay que creer en la junta de vecinos, aunque uno sepa o intuya. Preferí la indigencia. Material, sentimental. El más absoluto desapego por las reglas sociales, por eso que hace que el mundo se llame de tal forma, por eso que está bien visto, y está bien, y queda bien en las vitrinas de casa porque hace juego con las moquetas del salón. Preferí esa no necesidad de estar bien considerado, de quedar bien en las aceras, de vestir a la última, corbata de saldo, cerramos domingos y festivos por descanso familiar. Compartir cartones de vino con gente que no ve más agua que la que mea. Es preferible. Mendicidad, lo llaman. Vagabundo es otra cosa. Todo un problema para la gente que pasa según las últimas encuestas, gente que tiene un destino en las calles, que se desplaza en cualquier dirección y sigue un camino que nos esquiva y después se para ante un encuestador. Vivir en los márgenes, de los recortes, de las verdades que otros desprecian, de las mentiras que otros ya no se ponen porque no les quedan bien, qué diría la gente, si no fuera por esas palabras que siempre se dicen, no somos nada, la vida, parece que quiere llover.