6 de octubre de 2012

LO INASIBLE



-Me mandan de la empresa de trabajo temporal.
-Buenos días, primero.
-Lo siento, buenos días.
-Siéntese. Ya le habrán comentado…
Con lujo de detalles. Y la verdad, su puede usted ir yendo a la mierda, me dan ganas de decirte.
-Iguazú.
-Sí, viaje de novios.
-Y ésta es su esposa, supongo.
-Deje la foto, haga el favor. Después las huellas del cristal no salen con nada…
-Un marco muy bonito.
-Pues sí…
-Ya ve, nos da por enmarcar fragmentos de nuestra vida. ¿No le parece?
A veces me da por soltar estos comentarios fuera de toda lógica dialéctica, palabras ajenas al contexto. Tal vez no poseo esa barrera que impide a la gente decir lo que piensa; hago verdaderos esfuerzos y ahora me da por pensar en aquello de la memoria hecha imagen, perfectamente rectangular, no vaya a ser que se nos olvide que hemos vivido, que hemos estado en tal o cual parte, que has visto Iguazú a través de tu objetivo, buscando un enfoque, poniéndole un marquito, un encuadre que haga encajar tus recuerdos desde una perspectiva adecuada…
-Sí, claro…
-Hay que ponerle límites a las cosas, supongo.
-Me hago cargo.
Pero no has entendido una puta palabra, cabrón. No asientas. O al menos eso tendría que haber dicho exactamente y, sin embargo… Me niego a cambiar de tema.
-Ya sabe, Iguazú, debe de ser algo inmenso, inaccesible para la mente humana. Somos incapaces de entender cada momento, formamos parte de él y nos molesta no poder apoderarnos de lo que vemos. Pretendemos hacer nuestra la realidad, ya ve usted: la realidad… Darle un sentido, unos límites precisos que se solapen perfectamente con aquello que queremos recordar, como las fotos de carnet en el cuadradito del formulario. Archivamos el mundo por carpetas y así la naturaleza se convierte en paisaje a través de nuestros ojos o del objetivo de la cámara. Una forma de poseer lo inasible…
-Me ha gustado esa última frase.
Y a mí tu mujer con Iguazú de fondo, formando parte del paisaje, como uno de esos trofeos que alguien cuelga en el despacho, diplomas y copas del mus sobre la tele. Pero hay que decir, qué sé yo, cualquier obviedad y salir del paso…
-Bonita corbata.
-Las compra mi mujer.
-Tiene mucho gusto.
-Veo que presta atención a los detalles. En esta profesión eso es importante.
La ironía es una venganza inmediata en un lenguaje que solo uno entiende y empiezo a esbozar una imagen cómica de tu saber estar tan en ti mismo, de ser lo que hay que ser, tan sin pena ni gloria, un hombre tan entregado a su trabajo, sin vicios, fíjate tú, al menos conocidos; menú del día en el bar de la esquina, la letra del coche, la corbata de los jueves y ese miedo a salirse de lo que hay que hacer, porque hay que hacer lo que hay que hacer y todo lo demás es mear fuera del marquito dorado en el que vives, formando parte del paisaje, tan abrazado a tu mujer en shorts con cataratas de fondo y dedicatoria en el dorso. Habrá que decir cualquier sandez…
-En cualquier profesión, supongo.
-Claro. Entonces… Historia del arte, me decía…
No te decía. Pero quieres que aparte los ojos de los shorts de tu mujer, que te diga lo que soy a grandes rasgos, lo que dice mi currículum de mí. Procedo:
-Bellas Artes.
-Perfecto. Y veo que le gusta la fotografía.
-Trabajé algún tiempo en una agencia de publicidad.
-Bonita profesión.
Porque hay que decir lo que hay que decir y todo lo demás sería la pura verdad; pero eso no procede y venderle la moto la gente, sacarle la pasta de los bolsillos a cambio de hacerles creer que son felices por un instante, es una bonita profesión; preciosa, sí señor, aunque no tanto como la tuya, obviamente, y siempre nos quedará hablar del tiempo, de lo poco que llueve, del polen, de las alergias.
-Seamos sinceros.
-Adelante.
-Usted no me quiere aquí. No sé si lo sabe.
-Explíquese. No entiendo.
En realidad no has entendido una puta palabra desde que he entrado por esa puerta, porque no te pagan por entender a nadie sino por escribir tal o cual nombre sobre la línea de puntos, estampar el sello corporativo con su palomita, la paz eterna en tinta negra. Los operarios hacen el resto.
-Entiéndame. Pintar muertos no me apasiona…
-El maquillaje funerario es una profesión muy digna y muy necesaria. Mírelo desde otro punto de vista… Embellecer el último recuerdo que las personas conservarán de sus seres queridos.
Sus seres queridos. Uno entra en este mundo y empieza a hablar así de los muertos. Sucede en cualquier profesión y, cuando la muerte es la tuya, habrá que ser asépticos y no tocar a los muertos ni con palabras. Funerarias Cifuentes, veinte años embelleciendo despedidas.
-No sé qué decirle. La verdad, necesito el dinero.
-Por mí, si quiere, puede comenzar mañana mismo.
Será un placer, Señor Cifuentes, tendría que haber dicho. Pero uno siempre piensa la respuesta perfecta segundos después de haber contestado con una obviedad impertinente, y entonces se tortura repitiéndose como un mantra la frasecita que hubiera tocado decir o simplemente la deja caer segundos después, cuando ya no tiene sentido ni verdad. Me gusta recordarme diciendo aquello que no dije. Nos pasa a todos, espero.
-Su mujer está… Muy buena. Realmente…
-Lárguese. ¿Por qué me envían siempre retrasados mentales? Y aquí no vuelva si no es con los pies por delante para que yo mismo le meta en un ataúd. ¿Me entiende?
-Será un placer, Señor Cifuentes.